Titsbinder

Titsbinder tiene una doble función: aplana los pechos y realza unos ficticios. Es la fusión entre un binder, una camiseta compresora, y una prótesis pectoral. Un fake de mi realidad corporal.

Cuando decidí hacer Titsbinder tenía presente estas dos imágenes: En la de Jana Sterback, bajo una camiseta translúcida con forma de binder, veo lo que podría ser una fotografía de mis pechos. Mediante un fake que juega con los límites corporales en torno al género, Sterback muestra aquel espacio fronterizo que habito. Soley-Beltrán me hace pensar en algo que va un poco más allá. La imposibilidad de conjugar esos dos elementos, uno supuestamente masculino y otro supuestamente femenino, hace entender mi cuerpo como sobrecargado. Puesto que mi imagen suele leerse como la de un hombre, mis prótesis son las mismas que las de Betty Bee. Las propias de la mujer©, las tetas. De hecho, la mayoría de las personas transmasculinas optan por realizarse una mastectomía. El tránsito se entiende como un paso hacia “el otro género” y el binder es un elemento útil hasta que se realiza la operación. Lo trans como identidad vivible e inteligible se presenta como una opción poco atractiva y difícil de mantener en el tiempo.

En este artefacto, guiño a Hairshirt, copio la estrategia de Betty Bee y sobreactúo mi identidad trans. Si se desconoce que soy transmasculino, el efecto es bastante parecido al de Sterback pero a la inversa: las tetas evidentemente falsas, el vello leído como real. ¿Será una simple broma sobre tetas? ¿Será una travesti?  Si quien mira la imagen sabe que soy trans la lectura cambia. ¿Qué habrá bajo la prótesis corporal? ¿Por qué alguien que se identifica en masculino querría tener pechos?

Jana Sterback. Hairshirt (1992)

El trabajo de la artista y performer napolitana Betty Bee operaba en el mismo sentido. En una de sus obras se mostraba a una mujer muy maquillada, de pecho abundante y caderas redondeadas, recostada en una cama, en ropa interior llamativa y transparente. Bajo sus bragas se adivinaba un enorme pene erecto. La incoherencia entre la opulencia del cuerpo femenino y la insignia genital de la masculinidad se resolvía adscribiendo una identidad masculina o travesti a la figura. (Diversos estudios muestran que, ante la duda, los genitales del hombre prevalecen como símbolo para la atribución del sexo por encima de cualquier otra característica femenina de la figura). La sorpresa genial que nos daba Betty Bee era que lo que asumíamos como irrefutable, el falo, era en realidad lo único <<falso>> de la imagen, pues se trataba de una fotografía de la propia artista, una mujer <<biológica>>, sobreactuando su feminidad al tiempo que lograba, con éxito, desestabilizar nuestras presuposiciones gracias a una prótesis fálica.

Patricia Soley-Beltran. ¡Divinas! Modelos, poder y mentiras (2015)

Barcelona, 2018